martes, 13 de marzo de 2012

“Pero los libros”. (Para Czeslaw Milosz).

Te vuelvo a tener en los anaqueles, de donde nunca
deberías haberte ido, pero fue el viaje
el que me alejó de ti. Un viaje para llegar
a ti. La paradoja de las distancias llega aquí
al paroxismo. Me alejo de la letra
impresa para acercarme en la geografía.
He llegado a tu última ciudad cuando tú
ya no estabas. Te he buscado en los vestigios
de los edificios, en las sombras de las fachadas.
Me he convertido en todos los oficios posibles,
en rastreador de palabras olvidadas,
en el ladrón y alquimista de tus versos,
para darte otro aliento en otros sonidos.
Todo ha sido una búsqueda de ti, hasta ahora,
que los libros me han devuelto a mí.
Ocupas la parte central de la biblioteca,
es éste tu lugar. He llegado hasta aquí
para poder encontrar la dirección correcta.
La distancia es un concepto mental,
una ecuación de matemáticas donde
todos los elementos son intercambiables.
Menos los libros, la tinta, las palabras
anudadas para recorrer la travesía,
los dardos para dar en el blanco.
Como el blanco de nieve tras la ventana.
Te imagino allí con tu bastón, escribes
tu último poema con lentitud.
Y veo que es un camino. Mi viaje.
Pero de mí ya me separan kilómetros,
los años de pérdidas y de ganancias.
No es un viaje a la deriva, del naufragio
ha salvado las manos llenas de libros
que me han conducido de nuevo a casa.

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