martes, 13 de marzo de 2012

Prado: Czeslas Milosz.

Era un prado ribereño, exuberante, antes de la siega del heno.
En un inmaculado día de un sol de Junio.
Lo he buscado toda la vida, lo he encontrado y reconocido:
Aquí crecía la hierba y las flores que eran familiares a aquel niño.
Por los párpados medio cerrados absorbía la luminosidad.
Y el olor me abrazó, y se detuvo cualquier conocimiento.
De repente noté que desaparecía y que lloraba de felicidad.

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